En esta ocasión escribo unas líneas sobre el premio Nobel de Economía 2011. O más bien, el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas. Aunque no sea suma actualidad, no está de más. El reconocimiento ha recaído en Thomas J.Sargent y en Christopher A.Sims por sus procedimientos de evaluación de las políticas públicas sobre las principales variabes económicas.
Hace unos días Juan José Dolado escribió un artículo que puedes leer pinchando aquí. Sobran mis palabras pudiendo leer al prolijo economista de la Universidad Carlos III. No obstante me gustaría destacar algún apunte, a modo de esquema, como si fuera su alumno.
"A diferencia de lo que ocurre en las ciencias experimentales, resulta muy complicado identificar causa y efecto en Macroeconomía ya que los datos analizados responden a decisiones de comportamiento donde pasado, presente y futuro están interrelacionados, lo que impide una distinción clara entre variables exógenas y endógenas". Así empieza el artículo.
Y difícilmente se puede explicar mejor. No es una ciencia exacta, y no se pueden comparar con nitidez dos estados, determinando una razón que cause uno al otro. Por esto y otras muchas razones, las previsiones económicas fallan incluso cuando son sobre el pasado. "Los economistas somos los mejores profetas del pasado", bromeaba José Ángel Zúñiga, profesor de Empresa en la Universidad Rey Juan Carlos. Pero también esto es verdad.
Obviar las dificultades de predicción de la ciencia económica sería tan necio como obviar su importancia. Por eso, cada aportación, es fundamental. En este caso para evaluar intervenciones públicas. Y así, uno puede ser liberal o keynesiano tras las pertinentes comprobaciones matemática-estadísticas de la realidad. Austriacos no, ya que como decía otro profesor de la Universidad Rey Juan Carlos, ni saben de matemáticas ni quieren aprender.
"Los trabajos de ambos investigadores han proporcionado herramientas indispensables actualmente a la hora de construir y estimar modelos robustos donde evaluar los efectos de los diferentes instrumentos disponibles de política económica", concluye en su artículo Dolado.
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