Si Italia no puede cumplir con las obligaciones contraídas en forma de emisión de deuda, adiós al euro. Así se lo expresaron Merkel y Sarkozy a Mario Monti, el tecnócrata italiano colocado para salvar la situación.
El matrimonio de conveniencia franco-alemán se entrevistó con el homólogo italiano para darle la bienvenida y sobre todo para comprobar sus intenciones y capacidad para afrontar la crisis financiera del país transalpino. En la reunión, Angy y Nicolás expusieron sus preocupaciones, puesto que la caída de Italia, aseguraron, sería el fin del euro.
No entiendo porqué no estuvo España en ese encuentro. Es la cuarta economía de la Eurozona, y el otro país, junto a Italia, que puede hacer tambalear las estructuras del sueño europeo.
Pero lo más relevante, que no sorprendente, es la poca capacidad de la Eurozona para tomar medidas. Hablan de un posible fin del euro con consecuencias impredecibles. Básicamente muy negativas. Sin embargo, las instituciones europeas no actúan al respecto con la suficiente rapidez. No se han acometido cambios en los estatutos del Banco Central para que intervenga de verdad en el problema de la deuda, y no sólo con operaciones de segundo orden. Y las grandes decisiones políticas se van posponiendo o minimizándose bajo los juegos de Angy. Tiene razón la canciller germana cuando señala la irresponsabilidad de los países de la periferia antes de la crisis, pero inmersos en ella, debería mirarse al espejo.
En el enlace que publicaba ayer de la BBC, se puede observar que en Francia hay más de 300.000 millones de euros invertidos en deuda italiana, mientras que en Alemania hay 120.000.
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